Natxo García, maestro de la escuela Concepcionistes, de Barcelona.

 

Natxo se declara una persona afortunada porque considera que su trabajo es una mezcla de vocación, motivación y pasión, y sin duda él lo tiene todo. Tras estudiar magisterio pasó algunos años en el ámbito de la educación no formal, puede que por eso se considere más educador que docente. Pero hace diez, entró en las aulas y de donde no se ha movido. Natxo nos confiesa que está aquí para contagiar su alegría a los que le rodean y para enseñar a los niños a descubrir el mundo, como dice que la escuela hizo con él en su momento. Con alguien así al frente de una clase, ¿qué puede salir mal? Puedes ver la entrevista completa en nuestro IGTV para saber más.

 

Natxo, desde tu escuela colaboráis con Tomando Conciencia Schools, un programa que trata valores como la solidaridad, la ecología, la inclusión… ¿cómo valoras la experiencia?

Si vamos trabajándola con las nuevas metodologías se hace todo muy interdisciplinar. Todos los contenidos pasan a ser muy transversales. El trabajo por proyectos, rutinas de pensamiento… La forma en que trabajamos está muy alineada con el proyecto que vosotros tenéis entre manos. Lo que se saca es contar con una herramienta brutal y gratuita. Es fantástico el poder hacerlo así. ¿Qué es lo que fomenta también? Fomenta mucho la creatividad. Es muy factible aplicar las nuevas metodologías con propuestas como las que hacéis vosotros.

 

Pero sabemos que participáis en muchas otras iniciativas. ¿Alguna que te motive especialmente?

El que más me motiva a mí de todos, y la verdad es que habla mucho de nosotros como escuela, es el Casal d’Estiu. Empezamos un grupo de profesores motivados, con un grupo pequeño de niños, hasta segundo de la ESO. Claro, tercero, cuarto y Bachillerato dicen: Eh, ¿qué pasa? Nosotros queremos ir al casal, también. Las edades no encajaban mucho con el proyecto pero dimos salida a su inquietud creando un programa de voluntariado para ellos. Hoy todavía funciona y muy bien.

El Casal forma parte del proyecto educativo de la escuela y los profesores siempre están en el equipo que lo organiza, pero hoy hemos dado un paso al lado, porque son aquellos primeros voluntarios los que hoy coordinan y llevan a cabo el proyecto. Ellos son el futuro y nos llena de orgullo como escuela poder servirles de referente incluso después de acabar sus estudios aquí. Les hemos ayudado mostrándoles las posibilidades de un mundo que desconocían. Les hemos acompañado en su formación en este terreno. Y disfrutamos viendo como en su escuela se sienten como en casa y vuelven a ella convertidos en emprendedores con una empresa propia que gestiona en la actualidad las extraescolares del centro.

 

Actualmente, en la sociedad de la inmediatez y estímulos constantes en la que vivimos, ¿cómo logra un profesor captar la atención del alumno?

Hace 50 años hablar de psicología cognitiva, de neurociencia, de pensamiento visible… era como ciencia ficción. Ahora, afortunadamente, no somos como los de antes y tenemos una serie de estrategias que nos ayudan a captar su atención. El gran reto no es captarla sino mantenerla durante un tiempo aceptable. Y eso solo lo consigues si están motivados. Lo que les tienes que ofrecer es algo que les motive verdaderamente. Hay que decir que no todos los entornos, y no todos los centros trabajan en el mismo contexto a nivel social y cultural. Entonces, el papel del docente puede cambiar mucho y también las estrategias que necesita para captar la atención en función de si estás en uno o en otro.

 

Se habla mucho del papel del juego en la educación…

Como seres humanos, aprendemos jugando. El potencial que tiene el juego como recurso no se puede desdeñar y, de hecho, tendría que ser de obligada utilización no digo en las aulas, pero sí en las escuelas. Teniendo en cuenta una cosa, que la escuela no es un lugar para jugar, la escuela es un sitio para aprender y a través del juego podemos conseguir que a los niños y los jóvenes les guste aprender. Ahí está el poder del juego a nivel educativo. En una palabra, el juego bien entendido gusta a grandes y a pequeños.

 

¿Y qué pasa con las pantallas? ¿Juega el mismo papel, el juego virtual?

Lo importante del juego del que hablo es que se hace en un contexto real, y no es un contexto virtual. Y esto es importantísimo. En una pantalla parece que estemos viviendo un mundo paralelo en donde cometer errores y no asumir responsabilidades no tiene repercusiones. Es lo que te decía: en un contexto real, si estás en una piscina nadando, si te hundes igual tragas agua… y no pasa nada. Gestionar todo este tipo de cosas es aprender a vivir y a vivir te enseña más el juego que las pantallas.

 

Para ti ¿cuáles van a ser aspectos indispensables en la educación del futuro?

En líneas generales la educación del futuro tiene que ser personalizada, lo más personalizada posible. Tiene que dar respuesta a la diversidad que la compone. Tiene que estar basada también en el aprendizaje cooperativo, la colaboración entre iguales y el hecho de generar responsabilidades. El aprendizaje cooperativo te obliga a tomar responsabilidades a nivel individual y también genera una interdependencia positiva muy interesante de cara a trasladarla luego a la sociedad, a tu funcionamiento, a tu vida.

Como decíamos antes, el pensamiento crítico es fundamental. Hay que ser crítico con lo que hay ahora y aprender a pensar por uno mismo.

 

¿Y qué lugar ocupa la tecnología en la educación en el futuro?

Los valores y la tecnología tienen que ir muy de la mano. La tecnología nos ofrece muchas herramientas, pero tenemos que tener, en contrapartida, unos valores sólidos que nos ayuden a aprender ser, a estar y a pensar de manera autónoma. Y tú decías ¿qué recuperarías del pasado? Pues igual esos valores tan universales que muchas veces, con la inmediatez y con el ritmo de vida que llevamos, impulsados por la tecnología -para lo bueno y para lo malo- dejamos fuera.

 

¿En qué crees que está el giro definitivo para la educación del futuro?

La evaluación es el gran cambio de la educación, de las metodologías. Cómo evaluemos los aprendizajes que son capaces de conseguir los alumnos, desde la parte docente, pero también lo es el cómo ellos sean capaces de evaluarse a sí mismos o de evaluar a sus iguales. Ese es el gran caballo de batalla del cambio en la educación. Una educación que, a día de hoy, muchas veces basa el éxito en las notas, que sólo son números que demuestran que has preparado el examen y que has replicado bien lo que has estudiado. No mide si lo has interiorizado.
El verdadero éxito de la educación debe estar basado en las competencias, las habilidades y las destrezas que hemos ido adquiriendo y que vamos a usar más tarde. Por eso es tan importante saber evaluarlas y no fijarnos tanto en los números y en las notas.