Sequías, inundaciones, olas de calor cada vez más frecuentes… Ya no hace falta irse a un lugar concreto del planeta para vivir estos fenómenos porque el cambio climático no entiende de fronteras. 

En España, La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirma el alargamiento de los veranos (ahora duran prácticamente 5 semanas más que a comienzos de los años 80), también hay más noches tropicales y la temperatura superficial del Mediterráneo ha aumentado 0,34 °C por década. 

¿Qué es el cambio climático?

Para la Naciones Unidas, el Cambio Climático “es una alteración en el clima, atribuida directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial”. 

Hace unos 10.000 años, el clima de la Tierra era más frío y un gran porcentaje de la superficie terrestre estaba ocupada por los glaciares. También entonces se produjeron cambios que cerraron esa etapa glaciar pero la diferencia es que todo ocurrió de forma natural y no como consecuencia de nuestras acciones. 

Ahora, el escenario es distinto y ha sido provocado, entre otros motivos, por las emisiones de gases de efecto invernadero o por nuestra dependencia a los combustibles fósiles. 

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señala que: 

  • De 2011 a 2020 fueron los años más cálidos jamás registrados. 
  • El 2019 fue el año más caluroso de todos los tiempos. 
  • La temperatura media mundial ha aumentado 1,2ºC desde la era preindustrial. 
  • En mayo de 2021, la concentración media mensual de CO2 de EEUU (en el observatorio de Mauna Loa) alcanzó un máximo histórico de 417 partes por millón (ppm), una cantidad que no se registraba desde hacía 3 millones de años. 

La comunidad científica es contundente y alerta que si la temperatura del planeta aumenta 1,5 °C, la vida de millones de personas se verá afectada, entre otras muchas consecuencias.

El día de la Madre Tierra

Desde que se instaurase en 1970, el 22 de abril de cada año se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra. Su objetivo es promover la armonía con la naturaleza y la tierra y sensibilizar a la sociedad de la importancia de tomar caminos más sostenibles por el bien del planeta y de las personas. 

3.200 millones de personas en todo el mundo se ven afectadas negativamente por la crisis ambiental de la tierra. 

Y es que el cambio climático y la situación ambiental actual puede entorpecer las posibilidades de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El calor intenso, las inundaciones, los incendios o las sequías también aumentan los riesgos para la salud, la seguridad alimentaria o el suministro de agua, especialmente en las zonas geográficas más vulnerables. 

Por ejemplo, el cambio climático es un obstáculo para conseguir la igualdad de género (ODS 5) en las economías rurales y agrícolas, ya que las mujeres tienen menos acceso que los hombres a los recursos económicos, la educación, la salud y otros derechos básicos. 

En 2018, los daños causados por desastres naturales relacionados con el clima supusieron un coste de 155.000 millones de dólares. 

Por eso, conseguir un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible (ODS 8) también es más difícil ante esta situación, así como acabar con el hambre en el mundo, conseguir la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición (ODS 2).  La contaminación atmosférica perjudica el rendimiento agrícola y la pérdida de biodiversidad amenaza la producción de algunos alimentos. Los polinizadores animales son imprescindibles para más del 75% de los cultivos alimentarios. Sin ellos, se pone en peligro la producción mundial anual de cultivos, con el coste económico que conlleva.

La contaminación causa hasta 9 millones de muertes prematuras al año.

Un ejemplo más. Garantizar una vida sana y bienestar para todos (ODS 3) será más difícil si no se frena el cambio climático. Además, a mayor contaminación, mayor riesgo de zoonosis, las enfermedades que se originan en animales salvajes y domésticos. 

Es evidente que la salud humana está interconectada con la salud de los animales, las plantas y el medio ambiente, tal y como manifiesta el enfoque “one health”,  del que ya hablamos en artículos anteriores, y que debería aplicarse en la toma de todas las decisiones, ya sean globales o locales.

La adaptación al cambio climático

Adaptarse al cambio climático significa avanzarse a las amenazas y estar más preparados para superarlas. Pero, ¿qué entendemos exactamente por adaptación al cambio climático? ¿A qué nos referimos? 

  • Al conjunto de acciones que tienen como objetivo evitar o reducir los impactos derivados del mismo.
  • A las estrategias de todo tipo para impulsar la recuperación ante los daños.

Como te imaginarás, hay muchos tipos de medidas ya que el cambio climático es un problema que afecta a lo ambiental, lo político, lo económico y lo social. Ahora bien, ¿cómo tiene que ser una medida de adaptación para que funcione? Estos son los 3 requisitos que debería cumplir: 

Es factible:

Una acción que se puede llegar a hacer gracias a la participación de los diferentes actores públicos y privados.

Es efectiva:

Porque contribuye al objetivo de reducir el riesgo climático, a corto o largo plazo.

Es justa: 

Cuando se implementa, no se olvida de los colectivos más vulnerables. Además, facilita la consecución de los ODS.

Hay medidas generales que tomarán los Gobiernos como puede ser invertir en energías renovables y en eficiencia energética, cambiar pero tú, como ciudadano, también puedes tomar acción. Por ejemplo, cuando te desplazas en transporte público, cuando rechazas las bolsas de plástico o cuando cierras el grifo de agua si no la necesitas. En definitiva, cuando tomas conciencia de lo que está pasando y pasas a la acción por la Madre Tierra.