Paola Tello, Geofísica y petrofísica. Fundadora y líder de “Antártida para valientes”.

 

Dice Paola que cuando definimos nuestra profesión nos definimos a nosotros mismos y, sin dudarlo, ella se define como mucho más que una mujer científica. Cuando tenía 10 años su madre la llevó a participar a un club de lectura en el que ayudaba a leer a los de 3, y desde entonces sabe que en la educación está el cambio. En 2018 visitó la Antártida con un grupo de científicas de todo el mundo y de esa experiencia nació Antártida para valientes, un proyecto educativo dirigido a niñas y niños de primaria, que comunica de manera clara y entretenida el cambio climático usando la Antártida y los pingüinos para sensibilizar y empoderar una generación de valientes. Puedes ver la entrevista completa en nuestro IGTV para saber más.

 

¿Qué pasó en la Antártida para que te cambiara tanto la vida?

Ir al Antártida, el lugar más precioso de todo el planeta, creo que marca a cualquier persona en su experiencia visual, el silencio que tienes, el tiempo que tienes para estar desconectado… todos esos factores son muy importantes y te dan un compromiso con esa belleza. Dices “yo no quiero que esto desaparezca y quiero que futuras generaciones tengan este legado, eso es lo primero. Pero lo segundo, que me parece muy impresionante, es que yo no creo que tenga el mismo impacto para una persona que va en una expedición turística a una persona que va en un grupo de científicas trabajando en cambio climático.

 

¿Cómo fue la experiencia al lado de todas aquellas científicas?

Cuando tú vas con un grupo de gente que está alineado con lo que tú quieres hacer, que tiene un pensamiento de acción, te da más energía para seguir trabajando, te da más esperanza… Yo creo que tener estos grupos que like minded people, personas que piensan parecido, y se enriquecen de sus experiencias mutuas, hace la diferencia. Y como fui al Antártida con 100 mujeres de 24 países la estimulación era muy fuerte. Era una burbuja donde tú crees que todo es posible, que vamos a salir de acá y vamos a lograrlo. Y sales y todavía, después de dos años y medio, siento que es así.

 

¿Cómo se gestó, Antártida para valientes?

Dije: voy a hacer dos cosas. Voy a ir a las empresas en Colombia y les voy a pedir patrocinio diciéndoles que llevo su bandera al Antártida y que me den dinero por eso. Pero ya que me voy a Colombia me voy a inventar un taller para niños donde les cuente de pingüinos, de mujeres en ciencia y de la Antártida. Y eran dos cosas completamente diferentes: una era por diversión y la otra era por negocios. Y empecé a hacer esto, la de diversión, y dije… ¡esto está mucho mejor! ¡Después me preocupo por el dinero!

 

¿Y lo de leerles cartas a los pingüinos?

Un día las niñas se emocionaron tanto que empezaron a correr por todo el salón y les dije “miren, ya no más y se van a ir a sentar y van a hacer una carta a los pingüinos contándoles cómo van a cuidar el planeta”. Hicieron un montón de cartas, las llevé a casa y cuando llegamos con mi papá, que era el que me acompañaba todo el tiempo, empezamos a leerlas y todos los mensajes que yo les había trasmitido sobre que no había mujeres, que ahora hay científicas… ¡todo estaba ahí! Y yo dije: ¡esto funciona! ¡Y funciona muy bien! Es una herramienta para pasar un mensaje, tiene juego… Tengo que explotarlo y tengo que hacerlo la mayor cantidad de veces que pueda en este tiempo que estoy en Colombia.

 

Y… ¿la parte del dinero?

Seguimos haciéndolo hasta un día que llego un periodista, vio el taller y al siguiente día me puso en el periódico como “La mujer que le leerá cartas a los pingüinos”. Eso hizo un boom, recibí más de 500 cartas de todo Colombia, de niños que yo nunca me hubiera imaginado pudiera alcanzar, niños que decían: “señor pingüino, me comprometo a reciclar…”. Y eso, al mismo tiempo, trajo patrocinadores. Entonces los dos mundos se conectaron, cuando dejé de preocuparme por el dinero empezó a aparecer. Muchísimas organizaciones. Al final tuvimos 18 patrocinadores.

 

Esto fue antes de la expedición, ¿qué pasó después?

Fue un viaje increíble de dos años antes de la expedición, y cuando volvimos de la expedición yo les dije: “bueno, voy a ir a la expedición y cuando vuelva vengo y les cuento”. Y en los mismos colegios donde estuvimos, con los mismos niños, fuimos a llevarles las fotos, a contarles qué dijeron los pingüinos. Hicimos una fiesta genial. Y eso fue el camino de Antártida para valientes. Ahora se nos volvió un programa educativo donde nos dimos cuenta que con esta herramienta, desde el amor, desde la esperanza, desde el juego, nos permite transmitir mensajes clave.

 

Con Antártida para valientes, apuestas por la educación como esa semilla del cambio… 

A mí me encanta decirles a las niñas que una herencia, un bolso, un carro, te lo quitan. Pero la educación está aquí. Nadie te puede robar tus ideas, tu creatividad… esto bulle. La educación hace eso despierta pasión y despierta la curiosidad, que se queda con uno y que nadie se lo puede quitar.

 

¿Crees que son necesarias más acciones destinadas a la educación, a favor de los niños y jóvenes?

Yo creo que deberíamos hacer una campaña de lectura muy fuerte. Que todos los jóvenes se enamoren de la lectura. Porque a veces yo creo que nos centramos mucho en un sistema tradicional, pero mi mayor preocupación es que, por ejemplo, con esto que está pasando del cambio climático… si tú vas by the book, haciendo las cosas como deben ser y un niño o un joven nunca le tomó pasión al investigar, al conocer y se interrumpe su proceso educativo, ahí se acabó. Murió el científico, murió el escritor, murió el investigador o la investigadora. El amor a la lectura para mí es súper clave para desarrollar cualquier habilidad. Y si quisiera decir qué podemos hacer, es que todo el mundo se enamore de la lectura porque de ahí se desprende todo: la ciencia, el derecho, la tecnología… Porque tú mismo vas a ir a buscar en una biblioteca el conocimiento.

 

Y además que la lectura también nos genera empatía. Tú no tienes que haber vivido lo que vive el personaje, pero al leerlo lo entiendes. Y el cambio climático necesita ese link, que tú entiendas que lo que tú haces en Barcelona está beneficiando a las personas del Pacífico colombiano.

 

¿Y las nuevas generaciones están más concienciadas?

¿Antes qué era lo importante? Casa, carro y beca. Tener este modelo de vida en el que tú tienes un cierto estatus. Y muchas de las generaciones siguientes, los millenials, venimos con “carro, casa y beca… ¿de dónde viene?”. Si mi comodidad pasa por encima de los derechos de otras personas, si pasa por encima de los derechos del planeta, entonces ya no es tan cool el “carro, casa y beca” porque ya entiendes como lo que viene detrás de cada una de las cosas que hacemos. Y eso es clave: cuantas más generaciones conscientes se vuelvan las generaciones de consumo, eso es lo que nos va a ayudar a movilizar el cambio porque las empresas quieren vender, pero ya no van a poder vender lo que antes se vendía porque ya tenemos más visibilidad, más escrutinio y más transparencia.

 

¿Y cómo ves el futuro de los pingüinos?

Yo creo que estamos en una situación decisiva, este año y los siguientes. El postcovid va a ser definitivo en el trayecto. Y yo que trabajo en este tema del cambio climático y que veo datos diarios de emisiones de carbono y de metano… no vamos en la dirección correcta. Hay mucho discurso y poca acción. Entonces veo el escenario de los pingüinos con mucho verano. Y a los pingüinos no les gusta el verano.