Por medicina social entendemos aquella que pone el foco en las condiciones sociales y económicas que afectan a la salud de los individuos para así realizar una práctica médica que tenga como objetivo comprender estos factores y alcanzar una sociedad más sana mediante la educación, la organización o la promoción de programas de salud. 

Que nuestro modo de vida y la sociedad en la que vivimos condiciona nuestra salud parece algo obvio en pleno siglo XXI, pero la concepción de medicina social no viene de muy lejos. 

La salud de una población es un problema de la sociedad y de cómo esta está organizada.

 

Un poco de historia

A Johan Peter Frank (1745-1821) se le considera uno de los padres de la salud pública y la medicina social. En su tratado “Un sistema completo para una policía médica” ya establece una correlación entre estatus social y económico y salud. Pero no es hasta la Revolución Industrial, momento en que se hay un aumento de la pobreza y proliferan las enfermedades entre los trabajadores, que se habla propiamente de medicina social. En Francia, el Jules Guérin la establece como el eje principal de la medicina del país. Por otro lado, con la caída del feudalismo alemán, Salomon Neumann se refiere a la salud de una población como un problema de la sociedad y de cómo está organizada. Al mismo tiempo, Rudolf Wirchow localiza el origen de la epidemia del tifus en aspectos económicos, políticos y sociales -además de físicos y biológicos, claro está-. 

 

Pero no es hasta entrados los años 30 del siglo XX que el concepto de medicina social se consolida. Se consideran pioneros René Sand -con “Vers la Medecine Sociale”– y Alfred Grotjahn – con “Soziale Pathologie”-. Y en la década de los 40, con el Servicio Nacional de Salud, Inglaterra le da un impulso decisivo. 

 

Una sociedad heterogénea

Las patologías que sufren la clase obrera poco tienen que ver con las de las clases adineradas. Si hablábamos de la Revolución Industrial como agravante de las diferencias sociales, a lo largo de la historia todo aquello que generan los conflictos es motivo de desestabilización social. Conflictos bélicos, inestabilidad política, violencia, pero también los desastres naturales sacuden una sociedad y causan esta heterogeneidad. Y esta heterogeneidad conlleva tener que plantear distintas estrategias, adecuándolas a cada persona y situación. Con la medicina social se pretende acercarnos a la persona situada siempre en un contexto, el contexto que la condiciona, para personalizar al máximo la atención sanitaria e ir en pro de la salud de la comunidad. 

 

El trabajo de las ONG

“Cuando un grupo humano es golpeado por la guerra, la violencia o la inestabilidad social, o el país en el que vive es frágil debido a la falta de recursos, la falta de acceso a los servicios de salud se convierte en algo generalizado: esto significa que muchas personas no podrán ir al médico cuando lo necesiten, por muy grave que sea su estado”. Médicos Sin Fronteras

Muchas veces las ONG son la cara más visible de esta medicina social y comunitaria. Las encargadas de hacer llegar tanto los recursos humanos como las infraestructuras a zonas en las que, de no ser por estas organizaciones, quedarían desprotegidas. Zonas sumidas en conflictos, de violencia o desastres naturales, que necesitan de acciones urgentes e inmediatas. Como nos contaba en la entrevista de este mes de julio la Directora General de Médicos Sin Fronteras, Marta Cañas, organizaciones como esta velan por estar presentes en estas zonas con el objetivo de reducir al máximo el número de muertes y paliar el sufrimiento de aquellos que se ven afectados, garantizando asistencia médica aunque, muy a menudo, su presencia se vea amenazada. 

 

Descentralizar la atención médica

Si decíamos que la medicina social es aquella que pone a la persona en su contexto para poder entenderla y atenderla, hay también la necesidad de actuar directamente en el centro de la comunidad. Es decir, descentralizar la atención médica de grandes hospitales y estar presente en la comunidad para prevenir o resolver todo aquello que esté a nuestro alcance. Hablamos así de medicina comunitaria. Desde Médicos Sin Fronteras se insiste en la idea de estar cada vez más cerca de la persona y para ello es necesario formar parte de la comunidad, para así comprenderla con todos sus matices y establecer las necesidades sanitarias más adecuadas. 

 

Acción y formación

“Hay que dar primero el pescado para que la persona tenga la fuerza para aprender a pescar”. Marta Cañas hacía, con esto, referencia a la labor que la ONG realiza al llegar a un territorio en conflicto. En primer lugar, es necesario aplacar las necesidades básicas: comida, curas… Una vez solventadas, en mayor o menor grado, nace la necesidad de dotar de armas a aquellas personas para que ellas mismas puedan desenvolverse. De este modo, uno de los aspectos que se subraya también desde Médicos Sin Fronteras es la importancia de que los equipos estén mayoritariamente compuestos por nacionales. Porque nadie puede conocer y conectar mejor con la comunidad que los propios integrantes. Es por esta razón que los equipos de Médicos Sin Fronteras realizan formaciones intensivas para lograr que el 90% de sus integrantes sean miembros de la propia comunidad. 

Las Estadísticas Sanitarias Mundiales 2020 todavía hablan de grandes diferencias entre países.

 

ODS

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030 se busca “garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos a cualquier edad”, a la vez que se hace un llamado para conseguir una cobertura sanitaria universal. Pero las Estadísticas Sanitarias Mundiales 2020 todavía hablan de grandes diferencias entre países. Algunos de los ejemplos son la esperanza de vida y de vida saludable (HALE) que aumenta cuanto mejores ingresos o la mejor cobertura médica en los países ricos que en los de ingresos medianos y bajos. Si a estos ejemplos les sumamos el dato devastador que nos ofrece el informe de las Naciones Unidas, destacando el repunte del hambre mundial que se ha alcanzado este 2020, no es ninguna minucia el trabajo que nos queda por hacer en solo 10 años. 

 

El cambio en nuestras manos

El 12 de julio está instaurado como el Día Internacional de la Medicina Social, una fecha que nos recuerda que la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad. La salud ya depende de todo aquello que nos rodea y condiciona nuestra existencia y nuestro día a día. Cuanto más hostil y convulso resulte este entorno, más imperiosa será la necesidad de una acción. Explicaba Marta Cañas que, en este año de pandemia, las personas se han vuelto más solidarias. Y es que en la empatía y la comprensión reside la solución, el cambio. Miremos a las personas de cerca, comprendiendo su todo, y desde nuestro lugar en mundo, por pequeño que sea, podremos despertar una solidaridad capaz de adoptar mil formas.