¿Te hubiese gustado aprender educación ambiental cuando ibas al colegio? Ahora más que nunca, necesitamos que los jóvenes estén preparados para abordar los desafíos del planeta. Por eso, el 26 de enero se celebra el Día de la Educación Ambiental, para recordar que en las aulas se puede abrir los ojos y ver más allá de los libros. Los niños y niñas deberían explorar otros ángulos, desafiar las creencias, hacerse preguntas y sentirse empoderados para conseguir el cambio

Dicen que no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes pero ya sabemos que nuestro planeta es único y todavía podemos hacer mucho para no perderlo.  

¿En qué mundo quieres vivir? 

Una de las lecciones que nos ha dejado la pandemia de la COVID es que todo puede cambiar de la noche a la mañana. Por muchos avances tecnológicos o científicos, la incertidumbre sobre el futuro es una realidad para la que debemos estar preparados. Hemos vivido mucho más que una crisis de salud y ahora somos conscientes de que hay muchas cosas que cambiar, empezando por la educación.

En palabras de Audrey Azoulay, Directora  General de la UNESCO (La Asamblea General de las Naciones Unidas), “en estos tiempos excepcionales, seguir como siempre ya no es una opción. Si queremos transformar el futuro, si queremos cambiar de rumbo, debemos repensar la educación.” 

Hasta ahora, la educación tradicional se ha dividido en asignaturas y se ha caracterizado por una visión utilitarista que tiene como objetivo capacitar y formar a los niños y niñas para que el día de mañana puedan participar en el engranaje de la sociedad. Por eso, no es extraño preguntarles incluso en edades muy tempranas qué quieren ser de mayores. Pero, ¿y si les preguntamos qué mundo quieren? ¿Cómo se imaginan el futuro del planeta? ¿Qué les gustaría cambiar? 

Este es el gran desafío de la educación del futuro: conseguir que los niños también estén preparados para cambiar la sociedad, cuando sea necesario. Es un nuevo enfoque donde las preguntas son más importantes que las respuestas, los valores y las ideas entran en las aulas y donde se habla del cambio climático o de las desigualdades sociales sin tabús, porque esta es la realidad que vivimos y que debemos transformar.

Como propone el informe Reimaginar juntos nuestro futuro, “los docentes y los alumnos deben formar una comunidad de investigadores y constructores del saber”, una comunidad que se inspira en los siguientes pilares: 

  • Todos los alumnos están conectados con el mundo. Todo lo que se aprende ocurre dentro y con el mundo, siempre hay una relación con nuestro entorno.
  • La educación desarrolla las capacidades de los individuos para trabajar juntos y transformarse a sí mismos y al propio mundo.
  • La cooperación y la colaboración, así como la solidaridad, la compasión, la ética y la empatía se integran en nuestra forma de aprender.
  • Es necesario desaprender los sesgos o los prejuicios que impiden que trabajemos juntos y que desafíemos todo tipo de creencias.
  • La evaluación va más allá de una nota final y por encima de todo, debe ser útil para el crecimiento y el aprendizaje de  los  estudiantes, alineándose con estos propósitos educativos.

Para la UNESCO, este nuevo enfoque debería ser lo normal en 2050 y sobre todo, debería estar al alcance de todos, porque no podemos olvidar que actualmente, 258 millones de niños y jóvenes aún no asisten a la escuela y que 617 millones de niños y adolescentes no saben leer y hacer operaciones matemáticas básicas. Además, menos del 40% de las niñas en el África subsahariana completan la escuela secundaria inferior y unos 4 millones de niños y jóvenes refugiados no asisten a la escuela

No podemos ignorar estas cifras. Por mucho que transformemos los principios y el propósito de la educación, el primer paso es conseguir que el derecho a la educación llegue a todo el mundo. Cumplir el OBJETIVO 4 de la Agenda 2030, “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos” es otro de los grandes desafíos de la educación. 

¿Qué es la educación para el desarrollo sostenible?

Ante la pregunta de cómo podemos abordar los desafíos del planeta desde las aulas, la UNESCO tiene la respuesta: con la educación para el desarrollo sostenible. La también llamada EDS es un proceso de aprendizaje integral y transformador con el que se quiere concienciar y empoderar a los alumnos para que sean capaces de adoptar medidas para el cambio y transformar la sociedad. 

La educación para el desarrollo sostenible no solo ve problemas sino oportunidades, porque cuánto más preparados estén los jóvenes, más esperanza tiene el futuro. 

La educación ambiental es importante para crear conciencia sobre nuestro entorno, comprender sus procesos y trabajar para solventar los problemas a los que se enfrenta el planeta. Además, también busca fomentar la participación activa de los alumnos en la protección del medio ambiente.

Sin embargo, lo que propone la EDS es dar un paso más allá, ampliar el enfoque y aumentar el conocimiento, la conciencia y la acción para conseguir el conjunto de los 17 ODS de la Agenda 2030. Estamos en una década decisiva para cumplir los Objetivos Mundiales y la educación también debe seguir la misma hoja de ruta, promoviendo el desarrollo sostenible con diferentes estrategias de aprendizaje.  

Paralelamente, el Consejo de ministros europeos de Empleo y Política Social presentó  en junio de 2022 una recomendación para que los Estados miembros promuevan y apoyen políticas y programas de aprendizaje para la transición ecológica y el desarrollo sostenible. Algunas de las recomendaciones que se hacen son proporcionar información basada en hechos sobre la crisis climática, medioambiental y de biodiversidad y los factores que la causan así como ofrecer infraestructuras o herramientas digitales en materia de sostenibilidad.

Y es que cada vez somos más conscientes de que educar a las nuevas generaciones en el respeto por el planeta y sus recursos o por los derechos humanos es la mejor manera de asegurar un futuro mejor para todos. 

Pero, ¿cómo se lleva esto a la práctica? Hemos seleccionado dos ejemplos inspiradores donde los jóvenes son agentes de cambio.

Por un lado, viajamos a Escocia para descubrir Agents of Change (ACToolkit), un kit de herramientas diseñado por profesionales de escuelas primarias y secundarias del país. El proyecto, que se lanzó en 2020, está financiado por The Scottish Universities Insight Institute, como parte del Programa de Objetivos Globales de la ONU para acelerar el progreso de los ODS en Escocia.

Desde su página web afirman que se basan “en la creencia de que las escuelas y otros establecimientos educativos son escenarios importantes para abordar problemas como el cambio climático y la sostenibilidad.” Este kit de herramientas, que se enfoca en áreas de cambio como la inclusión y la igualdad, la integración de inmigrantes o la sostenibilidad, se hace a través de actividades lúdicas que facilitan los aprendizajes de los estudiantes. El programa propone los siguientes pasos para guiar a los educadores: 

  1. El primer paso es encontrar un propósito. El grupo de estudiantes y el profesor deberán concretar cuál es el área de trabajo o, en otras palabras, qué problema de su comunidad quieren abordar. 
  2. Después, analizan qué resultados quieren conseguir. En esta fase es importante identificar las fortalezas de los diferentes participantes y comparar todos los los enfoques que pueden adoptarse.
  3. Seguidamente, se negocia el plan de acción, donde se reparten las tareas y las funciones de todos los participantes.
  4. Llega la hora de ponerse en marcha para implementar el cambio. Los creadores del kit de herramientas recuerdan que, en esta fase, la perseverancia para superar los obstáculos es muy importante.
  5. Por último, se debe evaluar el impacto y dedicar tiempo a reflexionar sobre los resultados y procesos obtenidos. 

Otro ejemplo es Global Shapers, una red internacional de chicos y chicas entre 18 y 30 años que crean e impulsan proyectos para promover el cambio y resolver problemáticas sociales, ambientales o educativas a nivel local, regional o global. 

Esta red, con más de 14.000 miembros, abarca 456 centros de ciudades en 150 países. En cada ciudad,  los equipos de Shapers se autoorganizan para crear sus proyectos y abordar las necesidades de su comunidad. 

En el centro de Shapers de Barcelona, se trabajan 3 áreas: sostenibilidad, educación e inclusión. Uno de los aspectos más interesantes es que pueden involucrar a los centros educativos y trabajar conjuntamente, como demuestra una de las colaboraciones con el Col·legi Lestonnac en la que se ha puesto en marcha una prueba piloto para alumnos de 3ro de la ESO. 

El proyecto consiste en realizar 12 sesiones semanales, con una duración de 60 minutos, en la que incluyen distintas actividades como por ejemplo, conocer a una organización sin ánimo de lucro que lleve a cabo proyectos sociales en la ciudad. El gran objetivo es que los alumnos escojan una problemática de su comunidad, trabajen propuestas de solución, realicen un plan de acción y se pongan manos a la obra para conseguir los resultados deseados. 

De alumnos a agentes por el cambio.

Cuando proyectos como estos entran en las aulas, refuerzan el mensaje de “Think globally, act locally” y reflejan que podemos pensar globalmente pero actuar en base a las necesidades de nuestras ciudades y de nuestros barrios. Así es como podemos conseguir transformar nuestra realidad más cercana. Además, si todos hacemos lo mismo desde distintas partes del mundo, podemos conseguir que las cosas cambien. Es el poder de estar conectados y compartir el mismo propósito.